Por qué
No sé por qué cojones tengo un blog. No puede llamarse ni siquiera diario personal. Una mierda que quiere tener contenidos interesantes y que no tiene nada de interés. Con decir que no me interesa ni a mi...
Qué pena, dios mío, qué pena.
No sé por qué cojones tengo un blog. No puede llamarse ni siquiera diario personal. Una mierda que quiere tener contenidos interesantes y que no tiene nada de interés. Con decir que no me interesa ni a mi...
Qué pena, dios mío, qué pena.
En mi empresa me toman por el pito del sereno. Mis aportaciones no son escuchadas. Antes cuando hablaba la gente se callaba para escuchar mi opinión. Era alguien importante para el equipo. Ahora no soy nadie, un simple programador sin conocimientos, un aprendiz de mierda que ni siquiera sirve para eso.
No quiero seguir.
A veces se me ocurre algo de lo que escribir en el blog, pero cuando me pongo a ello, la mayoría de las veces no encuentro las palabras apropiadas para explicar lo que estoy pensando y al final cejo en el intento. Estoy me está pasando bastante a menudo.
Quiero aclarar que cuando hablo del blog, estoy hablando de otro blog, no de este.
¿Habré perdido mi mojo?
Estoy cansado de no saber nada. Por más que leo o estudio, no sé nunca nada. Y lo poco que sé lo olvido como si tuviera memoria de pez.
Una vez tuve un trabajo en el que era feliz y en el que me sentía útil. Hubo recortes. Me tocó.
En su día era el segundo de a bordo, el segundo que mejor conocía la herramienta. Nunca llegué a ser el primero, pero no me importaba, porque me sentía útil.
Después de eso, ya no fui nadie nunca más. Hasta dejé de ser yo mismo. Ahora tan sólo de vez en cuando aparece mi yo anterior, divertido, como un río que desemboca rápidamente en la triste realidad del desconocimiento. Aprendiz de mucho, maestro de nada, decía mi abuelo. Qué razón tenía.